El Kobetasonik de este año comenzaba con un cartel bastante inferior al del año pasado, que contó con estrellones como Kiss o Judas Priest, y además con la caída de un peso pesado como Thin Lizzy, debido a un accidente que tuvo el batería (desde aquí le deseamos que se mejore). Aún así, ofrecía la oportunidad de ver a bandas que no se prodigan demasiado por aquí, como Suicidal Tendencies o Anthrax. Así que allí estuvimos.
Nos perdimos la jornada del viernes por problemas logísticos (y me perdí a Suicidal Tendencies, ¡MALDITA SEA!, en un concierto que muchos definían como "brutal" o "lo mejor del festival") Entre los otros conciertos, la peña destacaba a Machine Head y denostaba a Marilyn Manson, que cada vez más se gana el apelativo de "vendepeines". Una servidora le ha visto dos veces, y en ninguna de esas ocasiones he presenciado nada espectacular, más bien al contrario. Un tío con muchas pintas pero sin ganas y sin un espectáculo potable. El primer cabeza de cartel, por tanto, decepcionó.
Y llegamos el sábado, directos al maremágnum de melenas y camisetas con dibujos imposibles que era Kobetamendi. Nos dirigimos a ver a Buckcherry, que tras la caída de Thin Lizzy fueron la representación hard rockera del festival, aunque no son santo de mi devoción. Presentaban su nuevo disco "Black Butterfly", del que reconocí "Rescue me"y "Too Drunk..." para terminar. Josh Todd no tardó ni 3 segundos en quitarse el chaleco para mostrarnos orgulloso sus tatuajes, y el grupo se ganó al público con su actitud, aunque a Josh ya le fallaba la voz a la tercera canción, "Lit Up". Pensé que al estar ante un respetable más duro y metalero tal vez nos ahorrarían sus insufribles baladas, pero me equivocaba: se cascaron una justo antes del final. Aun así fue un concierto aceptable.
En el escenario 1 tocaban entonces Dragonforce, grupo británico de power metal desconocidos para mí hasta la fecha. La bandera que había tras ellos en el escenario parecía, según un colega "el Dragón Molón de las fiestas de Retuerto", y la verdad es que el bolo fue bastante verbenero. Mucho doble bombo, voz heavy clásica, riff muy rápidos, pero sobre todo un hombre. Un nuevo icono de la música mundial. Un teclista. Un héroe contemporáneo. Las teorías sobre su origen eran variadas: ¿fugado de un psiquiátrico? ¿Demasiados psicotrópicos antes del concierto? ¿Es siempre así, o su conciencia estaba alterada ese día?
El caso es que todo el grupo tenía una estética bastante heavy (pelín patatera), pero este hombre llevaba el pelo semiteñido de rosa y parecía de todo menos cuerdo. No paró de pegar saltos inverosímiles tras su teclado, y cuando ya se animó del todo, agarró un casiotone verde fosforito y se puso a correr enloquecido por el escenario. Una luxación humana en potencia. Musicalmente no me dijeron mucho, pero definitivamente, me caen bien Dragonforce y no faltaré a ninguna de sus citas. No conocía a Papa Roach, y no me aportaron gran cosa. Unos Linkin Park cualquieras. Ritmos típicos, metal de ese que llaman "alternativo" y la chavalería, eso sí, gozando como locos. Ni siquiera aprovecharon los 40 minutos de concierto que tenían, a a la media hora escasa nos dijerón adios. Pues hasta luego, majos.
"O sales, o Anthrax", decía un asistente a la primera cita multitudinaria de la tarde. Desde la visita de Sepultura a la Casilla hace ya unos añitos, en la que fueron sus teloneros, no les veíamos por aquí, y eran de lo más esperado del día. No decepcionaron, aunque se hizo patente que el sonido en el escenario 1 era bastante peor que en el 2. las guitarras apenas se oían, y el sonido primaba los graves, con lo que me dieron una impresión más metalera de lo que recordaba. Pero se hicieron un buen repaso a sus greatest hits (¡qué grande Antisocial!) ampliamente jaleados por la peña. Nos informaron de que "Caught in a mosh" estaba disponible en el Guitar Hero "pero se toca así", nos advertía el cantante. También nos enteramos de que sacan disco para octubre. Bienvenido sea. Para mí, de lo mejor del festi.
Y empezaron las bromas. Para empezar, en toda la publi aparecía anunciado el concierto de Thin Lizzy, y muchos no se habían enterado de que no tocaban. La decepción fue mayúscula al ver al grupejo que nos enjaretaron en su lugar.Lizzy Borden salieron disfrazados de muertos (con disfraces de todo a 100), tocaron los primeros acordes de la sintonía de Pippi Lanstrum, simularon el asesinato de una jamona que se habían traído con unos cuantos litros de sangre falsa, y en fin, recurrieron a todo tipo de argucias para enmascarar su mediocridad musical, un heavy rock descafeinado que ni siquiera va acorde con sus intentos de parecer góticos. Terminaron bailoteando todos, el cantante vestido esta vez con una bandera de USA (¿?), con la jamona, que igual le daba bailar rock que reaggeton, y una espontánea, amiga de los Anthrax, que se apuntó a la fiesta y se subió al escenario en bragas (todo esto lo sé gracias a una amiga que trabajaba en el festi, ¡gracias, Irene!). Cuando terminó, respiramos aliviados.
No soy seguidora de In Flames, pero eran otra de las grandes citas del día. Definidos como "death metal melódico", estos suecos son adorados y denostados a partes iguales, unos alaban su calidad y otros les tachan de blandengues. A mí me gustaron, se curraron un buen concierto,muy metálico y sin desfallecer en ningún momento. Los temas me parecieron sobrios y bien ejecutados, la actitud, correcta y sin estridencias, y la música en general potente y con un toque de elegancia. Recomendables.
La gran sorpresa fue para mí Dream Theater. Mis habituales prejuicios me hacían pensar que su metal progresivo y virtuoso era un coñazo, y nunca les presté atención. Y tampoco lo haré ahora, ya que un disco de este grupo hará que me duerma previsiblemente a los 15 segundos. Pero en directo me cautivaron. Solo por ver el despliegue de medios que hacen merece la pena. Una batería con 3 bombos y más grande que el salón de mi casa, un bajo de 6 cuerdas, un teclado enorme, una pedalera de guitarra con todo lo inventado e inventable... Igual es que soy de pueblo, pero me quedé impresionada. Y encima, cómo tocan. Sin un error ni una sola vacilación. Pasaban de los sonidos delicados a los contundentes con una naturalidad tremenda y las composiciones eran intrincadas pero fluídas. El solo final del teclista y el guitarra nos dejó con la boca abierta. Una auténtica delicatessen musical.
Llegó la hora de los cabezas de cartel del día, y de la broma más grande que jamás haya vivido. Mötley Crüe habían generado grandes expectativas entre los fans, tanto en lo musical como en la parte de espectáculo. Qué decepción. Salieron borrachos como cubas (que sí, que sexo-droga-rock-and-roll, pero hay que ser más profesionales), y empezaron con fuerza, pero pronto las pausas entre canciones se hicieron más y más largas. Mick Mars se atrevió a hacer un medley de "sweet angel" y "Vodoo Child" (¡animalico! ¡eso no está a tu alcance, coño!) y el destrozo fue de antología. A mí me empezó a invadir la ira, y ya todo fue en decadencia. En las largas pausas, en las que muchos les empezaron a abuchear, el ex de Pamela Anderson se puso a contarnos su vida hasta que a sus compañeros les daba por salir otra vez, con lo que la impresión de que eso era un cachondeo crecía. En lugar de retransmitir la imagen del escenario en las pantallas, se trajeron unos visuales patéticos, con trozos de pelis porno, imágenes "transgresoras" de Bush y fragmentos de La naranja mecánica. Tanto tópico junto terminó con mi paciencia. Una vergüenza.
Quedaba Hatebreed, y nos fuimos a ver si se nos quitaba el mal sabor de boca. Y así fue. Hardcore puro y duro, sin concesiones y con toques metaleros (el cantante llevaba una camiseta de Messugah, lo cual dice bastante en un vocalista harcore). Engorile total entre la peña, una descarga directa al estómago, perfecta para soltar la adrenalina acumulada durante el concierto anterior. Buen final, la verdad.
Así que después de gastar todas las monedas que quedaban (recicladas del Azkena de este año, todo hay que decirlo), nos volvimos en un bus con fondo musical de ABBA, lo más acorde con el paisanaje, vamos, y una impresión agridulce. Mi más sincera enhorabuena al equipo de realización de este año, que consiguieron que no perdiéramos detalle de lo que pasaba en los escenarios y además con unos planos muy cuidados. El cartel, flojo y bastante fritanguero, con grupos de calidades y estilos muy diferentes, al igual que los bolos resultantes. Los precios de las cosas... en fin, me repito, pero es que la crisis nos afecta a todos. Y en general, esperábamos más de este festi y quedamos algo decepcionados. Veremos qué pasa el año que viene.
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