El teatro Victoria Eugenia de Donostia se llenó para ver en directo al Gari. Se ve, que en cuestiones de música, la rivalidad vecinal deja paso a los aplausos… si son merecidos, porque Gari nación en Legazpia, sí, pero es más de Bilbao que el Guggenheim. El rockero versionó sus viejos temas para deleite de un público “fresquito” (que no frío) y demostró tener más horas de vuelo sobre el escenario que Álex Ubago y Amaia Montero juntos.
Porque tiene que ser muy duro ser aficionado a la música en Donostia. Es cierto que tienen preciosos locales para escuchar Jazz, pero sus músicos más conocidos son el Ubago, la Montero, los del la Oreja de Van Gogh y Mikel Erentxun. Si yo fuera Diego Vasallo, renegaría de mi pasado y tiraría todas mis fotos viejas al Urumea. Así que un poco de rock les tiene que sonar a música celestial. Y como la estrella de Belén prenavideña (el concierto fue el pasado 23 de diciembre), llegaron Gari, sus guitarras, y un par de Macbooks para poner luz y sonidos. Las canciones, conocidas. Igual que las versiones para los que le hemos visto en directo, pero Gari tiene algo: no sólo sigue gustando, sino que cada vez lo hace mejor. Como Carlos Gardel pero a lo vasco y con una actitud más canalla. La puesta en escena era sobria, y sólo los dos globos de luz a ras de suelo le daban un toque diferente a su concierto de despedida, en la Bilborock. Alguien, tal vez él mismo, tendrá que explicarnos por qué nos dijo “gero arte” y volvió reinterpretándose a sí mismo, pero ha valido la pena. Algunos de sus temas, como el archiconocido “Aitormena”, parecen canciones nuevas, y otras han sufrido arreglos menores, pero el conjunto le da un toque “unplugged” que popularizara la MTV en los 90 de lo más interesante… y actual. Vale, sí, se echa un poco de menos a un batería, pero algunas colaboraciones calmaban esa sed de rock que, al escuchar su disco, sí se nota. Ahora toca el turno a Bilbao, donde tendrá que defender ante un público más acostumbrado a sus directos que, efectivamente, este Gari post Hertzainak sólo acaba de empezar, y que estamos ante un músico cuya madurez va a comerse a una juventud que le puso en el estrellato local.
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